CONFIDENCIAL
Asesinar al colombiano
• Más de 3 mil miembros de las fuerzas de seguridad llegaron a Pavón y
Pavoncito en 2006; su objetivo: buscar a un solo hombre.
Redacción • 5toPODER
Óscar Berger y Eduardo Stein ordenaron que las fuerzas de seguridad entraran en Pavón antes de que el capo colombiano Jorge Batres Pinto, alias el Loco, saliera de la cárcel. Todo estaba autorizado desde 2005, pero se hizo una investigación entre la Policía y Presidios para recabar información en los últimos seis meses y poder realizar la operación Pavo Real que tenía como objetivo principal robarle al capo los $8 millones que tenía guardados en uno de los sótanos de su casa.
Se entró gente infiltrada, incluso un periodista, y se hicieron grabaciones en actividades lúdicas que les permitieran tener un panorama claro del lugar y de sus líderes. Casi lo logran, pero no obtuvieron datos del Loco, condenado a 12 años de prisión por narcotráfico, quien por cierto iba a salir libre en octubre de 2006. A él le habían solicitado parte de las ganancias de la droga que distribuía y que se había negado a compartir con las autoridades de Gobierno.
La entrada a Pavón fue encabezada por el director de la Policía, Erwin Sperisen; el coronel Héctor Castillo, subjefe de la Brigada Mariscal Zavala; Alejandro Giammattei, director del Sistema Penitenciario, y el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, todos acompañados por el entonces ministro de la Defensa, Francisco Bermúdez.
Empezaron temprano
El 25 de septiembre de 2006, a las tres de la mañana, de una patrulla de la Policía se escuchó una voz que decía: “Todos al centro del penal, porque habrá requisa”. La mayoría de prisioneros sabía que estaban totalmente rodeados por la Policía y el Ejército, más los tres helicópteros que sobrevolaban en círculos.
Las autoridades no habían podido entrar en Pavón desde que Álvaro Arzú y su Ministro de Gobernación en 1996 le habían dado el poder absoluto al Comité de Orden y Disciplina (COD), responsable de definir las normas de convivencia donde estaban confinados 1,651 reos.
Esa mañana, un prisionero se topó con Jorge Batres. “Me dijo textualmente: ´Me llamaron, vienen por mí, voy a sacar todas mis cosas, yo no me voy a oponer para no perjudicar a la población´”.
“Cuando la luz del sol comenzó a iluminar las tanquetas, todos entraron simultáneamente por los tres puntos. Los miembros de las fuerzas de seguridad ingresaron disparando sus armas, como locos, en todas direcciones; ninguno de ellos resultó herido, porque ninguno de los presos opuso resistencia al ataque...”.
“La tanqueta que llegó derribando el portón de entrada, se encontró con Zepeda (presidente del comité, que llevaba los brazos levantados, queriendo entregarse para negociar la requisa. Fue la última vez que se le vio con vida”.
Con la luz del día
A las siete de la mañana, los policías sacaron cinchos de plástico y ataron las manos de todos los reclusos. Los presos vieron entrar a un grupo de hombres encapuchados, vestidos con trajes y lentes oscuros, y celulares en las manos.
Otro grupo de encapuchados tenía una lista y fotografías de unas 25 personas, y cerca de los campos de futbol buscaba prisioneros; a lo que encontraba le preguntaba sobre el paradero de Batres, pero ninguno afirmó conocerlo. Todo ellos fueron sometidos a tratos crueles, inhumanos y degradantes, antes de quitarles la vida disparándoles a menos de un metro de distancia y dándoles el tiro de gracia en la sien.
Los asesinados fueron José Abraham Tiniguar Guevara, Mario Misael Castillo, Erick Estuardo Mayorga Guerra, Carlos René Barrientos Vásquez, Gustavo Alonso Correa Sánchez y Luis Alfonso Zepeda González, el único reo que pertenecía al Comité. Era su presidente y había llegado a Pavón condenado a 27 años de prisión por asesinato. No encontraron al Loco, porque había dado otro nombre que usaba para escapar de los encapuchados.
Lo llamaban a gritos
Ya en Pavoncito, adonde fueron llevados, Batres estaba en el sector 3. Los encapuchados continuaban buscándolo y gritaban: ¡Batres Pinto! Su abogada le busca… Le aconsejaron que no saliera, pero él dijo que su abogada lo sacaría de allí. No se le volvió a ver con vida.
Nadie ha visto el arsenal, ni el laboratorio donde procesaban cocaína, que, según el Gobierno, estaban en manos de los reos.
Fuera del país
El día después de la operación de Pavón, Frank La Rue, director de Copredeh, y Giammattei viajaron a Washington D.C., con el propósito de lanzar una campaña para evitar posibles críticas del Departamento de Estado respecto a la operación.
Nos mostraron un gran archivo lleno de pruebas de lo terrible que habían sido los presos que estaban metidos en pornografía infantil, buscando una justificación de sus actos, afirmó una fuente que prefirió mantener su nombre en reserva.
Ocho días después, Berger afirmó que gastarían Q30 millones en la reconstrucción y ampliación de Pavón, con el objetivo de que este centro pudiera albergar a unos dos mil reclusos y se pudieran habilitar granjas para engorde de cerdos, criar gallinas ponedoras, entre otros. Además, indicó que se destinarían áreas para agricultura y que se construirían canchas polideportivas. De eso y de retomar el control del penal, nada.
En resumen, 3 mil 864 hombres en total entraron en Pavón; entre otros, mil 826 policías, mil 200 soldados y 60 guardias; además, se usaron 3 helicópteros. Su objetivo principal era un hombre.
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